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LA MALETA COLOR VIOLETA

A lo largo de la vida he visto muchas maletas; y siempre han despertado mi curiosidad.

Parece ser que los inventores de las maletas fueron los antiguos egipcios sobre el año 1500 a.C. Para sus viajes empleaban arcones y baúles que evolucionaron en unas primitivas maletas de fina madera y recubiertas de grasa animal para que no se mojasen con la lluvia.

Hasta bien adentrada la Edad Media los equipajes de las clases elevadas seguían siendo los baúles y arcones, , que acarreaban un séquito de criados. En las manos, los nobles solo llevaban pequeñas bolsas de suave tela, donde guardaban objetos para el maquillaje, el rezo, el recreo, y el dinero. La Condesa de Artois recibió como singular regalo de bodas una docena de maletas de tela sarracena hechas en España en 1298, capaces de alojar un mundo de ropa y complementos.

Fue en el siglo XIX cuando se comenzaron a fabricar maletas hechas de madera fina, pintada y barnizada y dado el auge del turismo, se han ido modernizando con nuevos materiales, y sobre todo con la facilidad que da el que sean rodantes.

A menudo observo la cinta del aeropuerto, donde ellas giran en busca de su dueño, como jugando en un gran carrusel infantil. Todas las maletas se parecen, como los humanos. Ni el mundo es tan grande; aunque a un baúl se le llama mundo; ni somos tan distintos. Nosotros somos las olas que permiten a los sueños llegar a su destino.

Y a mis manos, para iniciar una aventura con sus personajes, llegó el libro de Elena Laseca, "La Hija del Italiano". La protagonista, una mujer joven, con aspecto bohemio, tocada con un sombrero gris y que carga con una pequeña maleta color violeta. Mi curiosidad no me dio tregua para empezar el apasionante relato.

No desvelaré ni la trama ni su secreto, pero mi consejo es que no perdais la ocasión de leer esta novela; sus paginas y protagonistas os "engancharán", como lo han hecho conmigo.


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