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MARCELINO, el mejor payaso del mundo

A Marcelino Orbés le llamaban el Principe de los Payasos, su historia es tan apasionante como desconocida. Este gran aragonés nacido en Jaca (1873-1927) qué fue admirado por Chaplin y Buster Keaton, tuvo al mundo a sus pies y paradójicamente se quitó la vida completamente arruinado, y su nombre se ha perdido y olvidado.


La precaria situación familiar le obligó a trabajar pronto colocando sillas en un circo, el de los Martini y lo hacia con tanta gracia, desparpajo y torpeza que los espectadores empezaron a tirarle monedas. En un par de años ya actuaba como payaso acróbata. De pequeña estatura y complexión fuerte, adopta el nombre de Marceline y pronto le llevan sus acrobacias al Circo Price de Madrid y al Alegría de Barcelona, comenzando un rápido ascenso.


Marcelino trabajó en los circos europeos más prestigiosos. El artista era lo que se conocía como "payaso augusto", una figura torpe y desaliñada, un mimo que mezclaba humor y tristeza en números que encandilaban por igual a niños y adultos. Nunca emitía ningún sonido, excepto un silbido que decidió integrar en su espectáculo ya que era sencillo y fácil de imitar para que los niños de cualquier país pudieran jugar a ser Marcelino.


Pronto se convierte en la estrella principal del mayor teatro del mundo, el Hippodrome neoyorquino en el que actuará en exclusiva de 1905 a 1912.

Su fama se dispara y actua cada mes para mas de 250.000 personas.


La pintura de su cara escondía los misterios de su vida, el público le quería. Llegó un momento que decidió invertir en negocios de restauración, no siendo acertados y produciéndole la ruina. Además dos fracasos matrimoniales le afectan profundamente y el brillo de Marcelino comienza a marchitarse.


A todo esto, se suma la irrupción del cine, y Marcelino no supo o no quiso adaptarse a los nuevos tiempos, y solo participa en dos pequeñas películas.

Sumido en el pozo de la depresión, el clown se suicida con tan solo 55 años vestido de chaqué, sombrero y con una pistola en sus manos.Su muerte fue publicada en el New York Times y a su funeral solo acudieron unas 80 personas.


Un gran ramo de flores blancas despidió a Marcelino. Lo envió Chaplin en memoria del payaso triste al que tanto admiró y al que describió como prodigio de la mímica



Hoy he querido homenajear y destacar en este post a esta figura tan importante, que fue el primer español que consiguió triunfar en el mundo del espectáculo internacional y que tanto hizo reír cuestión difícil y tan necesaria y escasa.

Gracias MARCELINO!!!





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